Mucha gente relaciona el orgullo con la estima propia, es decir con su
autoestima y valía. Lo cual no es correcto, el orgullo no proviene del amor,
sino del ego.
He visto a lo largo de mi vida como el orgullo ha separado a familiares,
amistades, destruido relaciones por años y hasta para siempre. Sencillamente
por no querer dar su brazo a torcer, porque ellos no “jalan mecate” y no son
capaces de analizar una situación que tal vez con una humilde y sencilla
disculpa se hubiese solucionado rápida y fácilmente.
Hay personas que creen que ser orgulloso es amor propio y por una simple
discusión, inconveniente o suceso sencillamente pierden algo tan valioso como
las relaciones con seres queridos. Lo cual trae como resultado
momentos de vida desperdiciados, botados a la basura.
Inclusive relaciones tan importante como entre padres e hijos caen en este juego llamado
“Orgullo”, que no es más que jactancia, engreimiento, creerme que no puedo
rebajarme y si doy mi brazo a torcer
estoy cediendo y eso daña mi dignidad, porque soy mejor o superior.
Si bien es cierto todos somos iguales, hijos de Dios, nadie es más o menos
que otro. También es válido tener dignidad en la vida, pues somos seres
maravillosos que merecemos respeto y somos valiosos. Sin embargo antes que nada
en nuestro interior está el AMOR de Dios, que para nada se parece al orgullo.
Ahora bien, ¿desde cuándo somos orgullosos?, porque si observamos a los
niños ellos juegan y pueden pelear, pero eso se les pasa rapidito y en seguida
se reconcilian, no ha pasado nada. Su amistad no se ve afectada. En algún
momento de nuestro crecimiento adquirimos esos conceptos errados del ego, como
es el orgullo.
Citando palabras del maravilloso Facundo Cabral “El ego confunde a las
cosas con su juicio, cree que las cosas son lo que él piensa que son, es más el
ego cree que las palabras son las cosas; el ego no vive, interpreta, es
una constante actuación que nunca alcanza a la realidad.”
Por el contrario cuando tenemos amor verdadero en nuestro corazón podemos analizar
la situación, y si el problema surgió por un error o un mal proceder nuestro lo
más sano es pedir con toda nuestra humildad y sinceridad “Disculpas”. Eso no te
rebaja, todo lo contrario hay un dicho que dice” es de sabios recapacitar”.
Eres un ser humano capaz de cometer errores, pero también con la capacidad de
enmendarlos y mejorar.
¿Y qué sucede si fui el afectado en el incidente? Si la persona te pide
disculpas acéptalas, es un hijo de Dios igual que tú, que tal vez tenga alguna
cruz en su vida, sé compasivo (a). No apliques el castigo, ni una condena si en
realidad sientes que esta persona te habla con sinceridad. Porque tú no eres el
Dios Todopoderoso para juzgar.
Es decir debemos tener un equilibrio en nuestras relaciones humanas, nada
cuesta ser flexibles, analizar una situación para salvar, rescatar una relación,
una amistad en términos de paz y armonía. Por supuesto siempre y cuando eso no
implique permitir abusos que te causen daño, por ejemplo una mujer que tenga tolerancia con un esposo que la maltrata, ya eso es otra cosa.
El orgullo destruye las relaciones, pero la humildad es el antídoto. La
vida me ha enseñado a valorar la humildad, la sencillez en las personas; pero
también a tenerles tolerancia y aceptarlas con sus virtudes y defectos, porque
nadie es perfecto.
Les recuerdo que nuestro tiempo de vida es limitado, aprovecha cada día para disfrutar con la gente que quieres, no esperes a que se mueran para recapacitar, llorarle y perdirle disculpas en el cementerio. ¡Cuídate del orgullo!
Para culminar
recordamos uno de los mandamientos más hermosos: “'Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Bendiciones,
E.Y.F.M.
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